De acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) el TDA es presenta un patrón consistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o el desarrollo. 

La inatención se manifiesta conductualmente como desviaciones en las tareas, falta de persistencia, dificultad par mantener atención y desorganización que no se deben a un desafío o falta de comprensión. 

La hiperactividad se refiere a una actividad motor excesiva, puede manifestarse como inquietud extrema. 

La impulsividad se refiere a acciones apresuradas que se producen en el momento, sin reflexión, y que crean un gran riesgo de dañar al individuo. 


El TDAH es un trastorno del comportamiento bastante frecuente, ya que se estima que afecta a entre el 8 y el 10% de los niños en edad escolar. Los niños son tres veces más propensos que las niñas a padecerlo, aunque todavía se desconoce la causa.

  • El TDAH empieza en la infancia. (Deben estar presentes varios síntomas antes de los 12 años)
  • Las manifestaciones del trastorno deben estar presentes en más de un entorno. 
  • Los signos del trastorno pueden ser o estar ausentes cuando el individuo recibe recompensas frecuentes por comportamientos apropiados, está bajo estrecha supervisión, está en una situación nueva, participa en actividades interesantes, tiene estimulación externa constante o en situaciones donde interactua cara a cara con otra persona. 
  • Frecuentemente ocurren retrasos leves del desarrollo lingüístico-motor. 
  • Puede evidenciarse baja tolerancia a la frustración, irritabilidad, y labilidad del estado de ánimo.
  • Deterioro del rendimiento escolar o labor en ausencia de un problema de aprendizaje. 
Se divide en tres categorías o subtipos, cada una asociada a un patrón de comportamiento característico:
1. De tipo inatento, entre cuyos signos se incluyen los siguientes:
Incapacidad para prestar atención a los detalles o tendencia a cometer errores en los trabajos escolares u otras actividades por simple descuido.
Dificultad para mantener la atención de forma continua en las tareas o en los juegos lúdicas.
Aparentes problemas de audición.
Dificultad para seguir instrucciones.
Problemas de organización.
Desagrado y/o tendencia a evitar las actividades que requieren esfuerzo mental.
Tendencia a perder objetos, como juguetes, cuadernos o deberes escolares.
Dispersión y facilidad para distraerse.
Tendencia a los olvidos en las actividades cotidianas.
2. De tipo hiperactivo-impulsivo, entre cuyos signos se incluyen los siguientes:
Gestos o movimientos repetitivos que denotan nerviosismo o intranquilidad.
Dificultad para permanecer sentado.
Tendencia a correr o trepar de forma excesiva.
Dificultad para jugar tranquilamente.
Sensación de estar siempre "en marcha".
Habla excesiva o descontrolada.
Lanzarse a responder preguntas de forma impulsiva sin haber escuchado completamente la pregunta.
Dificultad para esperar el turno o guardar fila.
Tendencia a interrumpir o a inmiscuirse.
3. De tipo combinado, que incluye una combinación de los dos tipos anteriores y es el más frecuente.
Puesto que no existe ninguna prueba que permita determinar la presencia del TDAH, su diagnóstico implica una evaluación completa del niño.
Muchos niños y adolescentes diagnosticados de TDAH son evaluados y tratados por médicos de atención primaria, es decir, por pediatras o por médicos de familia. Estos últimos remiten a algunos niños a distintos especialistas (psiquiatras, psicólogos o neurólogos), sobre todo en los casos donde el diagnóstico no está del todo claro o cuando sus síntomas se combinan con los de otras afecciones, como el síndrome de Tourette, trastorno del aprendizaje, ansiedad o depresión.

Para que un niño pueda ser diagnosticado de TDAH necesita:
presentar comportamientos de alguno de los subtipos mencionados antes de cumplir los siete años
estos comportamientos deben ser más intensos que en otros niños de la misma edad
los comportamientos deben durar un mínimo de seis meses
los comportamientos deben ocurrir y afectar negativamente a un mínimo de dos áreas de la vida del niño (el mundo escolar o la guardería, el entorno doméstico y las relaciones sociales)

Los comportamientos del niño tampoco deben estar relacionados con el estrés que se vive en su familia. Los niños que han experimentado un divorcio, una mudanza, una enfermedad, un cambio de escuela u otro cambio importante en su vida pueden empezar súbitamente a portarse mal y/o a mostrarse olvidadizos. Para evitar hacer diagnósticos erróneos, es importante analizar si los factores anteriores pueden haber ejercido algún papel en la aparición de los síntomas.

En primer lugar, el médico llevará a cabo un examen físico de su hijo y tomarse sus antecedentes médicos. A tal efecto, les formulará preguntas sobre sus síntomas, su salud en el pasado y en el momento actual, la salud de los demás miembros de la familia, los medicamentos que toma, así como las alergias que padece y otras cuestiones importantes.
Es posible que el médico también le avalúe la vista y la audición a fin de descartar otras posibles afecciones. Debido a que algunas afecciones emocionales, como el estrés extremo, la depresión y la ansiedad, pueden parecerse al TDAH, lo más probable es que el médico le pida que complete cuestionarios sobre su hijo a fin de descartar estas últimas afecciones.
Es posible que el médico le pida información sobre el desarrollo y el comportamiento de su hijo en casa, en el colegio y en sus relaciones sociales. Es probable que también consulte a los adultos que ven a su hijo con regularidad (como los profesores, que suelen ser los primeros en detectar los síntomas del TDAH). También es posible que el médico solicite una evaluación del niño en temas educacionales al psicólogo u orientador escolar del centro de estudios del niño. Es importante que todas las personas implicadas en el proceso sean todo lo sinceras y meticulosas que sea posible en lo que se refiere a los puntos fuertes y débiles del niño.


Existen algunas pruebas que ayudan a los médicos con el diagnóstico al realiza la información cualitativa en cuantitativa, tales son: 
MOXO
Conners 
El TDAH no se puede curar, pero se puede manejar; es decir, se pueden controlar y solventar sus síntomas eficazmente.
Se debe de  desarrollar un programa de tratamiento individualizado y a largo plazo que ayude al niño a aprender a controlar su comportamiento y oriente a la familia a crear una atmósfera que facilite conseguir esa meta.
En la mayoría de los casos, la mejor forma de tratar un TDAH es mediante una combinación de medicación y tratamiento terapéutico. Cualquier buen programa de tratamiento requerirá un atento seguimiento y supervisión, se podrán ir haciendo adaptaciones o ajustes a largo del tiempo. Puesto que es importante que los padres participen de forma activa en el programa de su hijo, la formación de los padres también se considera parte fundamental del manejo del TDAH.

Medicamentos
Se pueden utilizar varios tipos de medicamentos para tratar un TDAH:
Los fármacos estimulantes son el tratamiento más conocido, ya que se han estado utilizando durante más de 50 años para tratar el TDAH. Algunos requieren varias tomas día, de 4 horas de afecto, pero hay otros que duran hasta 12 horas. Entre sus posibles efectos secundarios, se incluyen la pérdida del apetito, el dolor de estómago, la irritabilidad y el insomnio. Por ahora, no existe evidencia pruebas de efectos secundarios largo plazo.
Los fármacos no estimulantes representan una buena alternativa a los estimulantes y a veces se utilizan junto con estos últimos para tratar el TDAH. En el año 2003 se aprobó el primer fármaco no estimulante para el tratamiento del TDAH. Es posible que presenten menos efectos secundarios que los estimulantes y sus efectos terapéuticos pueden durar hasta 24 horas.
Los fármacos antidepresivos a veces son una opción para tratar el TDAH. De todos modos, en el año 2004, la FDA de EE.UU. emitió un comunicado que advertía de que estos fármacos pueden conllevar un ligero incremento del riesgo de suicidio en niños y adolescentes. Si el médico recomienda un antidepresivo a su hijo, asegúrese de hablar con él sobre este riesgo.

Los medicamentos afectan  de formas diferentes a cada persona, de modo que un niño puede reaccionar positivamente a un medicamento y mal a otro. En el momento de determinar el mejor tratamiento para su hijo, el médico es posible que pruebe distintos medicamentos a varias dosis diferentes, sobre todo si su hijo ha de recibir tratamiento tanto para el TDAH como para otro trastorno, así como también es importante el tiempo que se le da al organismo para asimilar el fármaco.


Tratamiento conductual
La investigaciones ha demostrad que los medicamentos para tratar el comportamiento impulsivo y las dificultades de atención son más eficaces cuando se combinan con tratamiento conductual.
Este tipo de tratamiento intenta modificar los patrones de conducta:
reorganizando ambiente escolar y el doméstico del niño
dándole instrucciones y directrices claras sobre la forma de actuar
estableciendo un sistema consistente de recompensas para las conductas apropiadas y de consecuencias negativas para las inapropiadas
A continuación enlistamos algunas sugerencias que le podrían funcionar en su día a día:
Créele una rutina. Intente seguir un horario de actividades día tras día, desde la hora de despertase hasta la de acostarse. Cuelgue el horario en un lugar claramente visible para que su hijo pueda ver qué es lo que se espera de él a lo largo del día, cuándo es el momento de hacer los deberes, de jugar y de realizar otras tareas.
Organícese. Coloque la mochila del colegio, la ropa, los libros y los juguetes de su hijo en el mismo lugar todos los días para que su hijo sea menos propenso a perderlos.
Evite las distracciones. Apague el televisor, la radio y los juegos de ordenador, sobre todo mientras su hijo haga los deberes.
Limítele las opciones. Ofrezca a su hijo la posibilidad de escoger entre dos objetos (piezas de ropa, comidas, juguetes) para que no se sienta agobiado o saturado ante tantas posibilidades.
Modifique la forma de relacionarse con su hijo. En vez de utilizar largas explicaciones e indirectas, utilice instrucciones claras y concisas para recordarle sus responsabilidades.
Utilice metas y recompensas. Utilice una planilla o tabla de registro para enumerar las metas de su hijo y registrar sus conductas positivas, y luego recompense a su hijo por sus esfuerzos. Asegúrese de que las metas sean realistas (es mejor pensar en pasitos pequeños que en grandes éxitos del día a la mañana).
Ejerza disciplina de una forma eficaz. En lugar de gritar o pegarle a su hijo, utilice la estrategia de la "pausa obligada" o de la retirada de privilegios ante comportamientos inapropiados. Es posible que, con los niños pequeños, baste con distraerlos o ignorarlos durante un rato hasta que se porten mejor.
Ayude a su hijo a descubrir sus puntos fuertes. Todos los niños necesitan experimentar el éxito para sentirse bien consigo mismos. Si se fija qué cosas se le dan bien a su hijo, se trate del deporte, alguna habilidad artística o la música, y se las permite practicar, podrá favorecer sus habilidades sociales y elevar su autoestima.
Aparte de utilizar rutinas y de seguir un sistema claro de recompensas, sugerimos las siguientes estrategias para los profesores:
Reducir las distracciones mientras el niño está en clase. Puede ser tan sencillo como sentar al niño cerca del profesor, en vez de cerca de la ventana.
Utilizar una carpeta donde figuren los deberes del niño para favorecer la comunicación entre padres y profesores. El profesor puede incluir los deberes, así como comentarios sobre los avances del niño y usted puede revisar la carpeta para asegurarse de que su hijo completa las tareas a tiempo.
Dividir las tareas en porciones más reducidas. Es adecuado dar instrucciones claras y breves y dividir las tareas largas en fragmentos reducidos y manejables.
Dar refuerzo positivo. Esté siempre pendiente de los comportamientos adecuados de su hijo y refuércelos de forma inmediata. Pida al profesor de su hijo que lo elogie cuando permanezca un buen rato sentado, hable sin levantar la voz o espere su turno, en vez de criticarlo cuando no lo haga.
Enseñar buenos hábitos de estudio. Subrayar textos, tomar apuntes y leer en voz alta son tareas que pueden ayudar a su hijo a mantener la concentración y a retener la información.
Supervisar al niño. Asegúrese de que su hijo va y vuelve de la escuela con los libros y materiales necesarios para estudiar y/o hacer los deberes. A veces se pide a los niños con TDAH que formen pareja con un compañero aplicado que les ayudará a orientarse en las tareas académicas.
Ser sensible a los aspectos relacionados con la autoestima del niño. Pida a los profesores de su hijo que le proporcionen retroalimentación en privado y que eviten pedirle que haga ejercicios o tareas en público que le podrían resultar demasiado difíciles.
Involucrar al orientador o psicólogo escolar. Este podría diseñar programas de comportamiento para abordar problemas específicos en el aula.